Cristina Savid
Psicoanalista

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PSICOANÁLISIS: UNA CLÍNICA DEL ESPECTRO
Autora: Cristina Savid (Psicoanalista)

Uno escucha decir por todas lados que el psicoanálisis se está muriendo, los términos que emplea han invadido el imaginario social y han alcanzado el ridículo: los conceptos sicoanalíticos aparecen distorsionados, el complejo de Edipo se ha convertido en una cantinela y es la coartada de las peores comedias, estas palabras que pasan de boca en boca hace tiempo que en los medios científicos y filosóficos las consideran como un índice de un pensamiento esclerotizado.

Las neurociencias, la biología, la psicología, en lugar de emprender un diálogo con el psicoanálisis son exhibidas como disciplinas alternativas de una visión.

El psicoanálisis es objeto de creencia y también de no creencia donde cada quien se considera competente para no creer en él como se puede creer o no en la astrología, ahora bien, pero ¿de qué psicoanálisis se trata cuando nos referimos a creencia?

Si lo reducimos a una doctrina simplificada o a un simple procedimiento terapéutico es tomar el asunto al revés. ¿Dónde se sitúa el descubrimiento psicoanalítico, lo que pretende aportar de nuevo al conocimiento del hombre?

La prioridad no esta dada ni en la teoría ni en la terapéutica sino en el método: el psicoanálisis es antes que nada un procedimiento para la investigación de los procesos mentales casi inaccesibles de otra forma.

El psicoanálisis reivindica el descubrimiento de nuevos fenómenos gracias a un nuevo instrumento ¿Cuáles son los nuevos fenómenos descubiertos por el instrumento psicoanálisis? Nosotros los etiquetamos con la palabra “Inconsciente” lo que ya es una primera teorización.

Se trata de un conjunto de fenómenos marginales que existían antes de Freud pero que el método permitió tomar en consideración como altamente significativo (un sueño, un síntoma siempre absurdo, conductas repetitivas, etc.)

Grumos de nuestra existencia que podemos llamar “formaciones del inconsciente”, que expresan de la mejor manera el surgimiento en la existencia de objetos venidos de otra parte pero imposibles de explorar con un método específico: y esto es lo que es constantemente ignorado y olvidado cuando alguien pretende juzgar el psicoanálisis.

El método riguroso, difícil se nos pone sobre la pista de un sentido oculto, profundamente escondido, propio de un individuo particular y casi inaccesible de otra manera.

Este método se lo puede resumir en dos términos: asociaciones libres y transferencias, muy pronto uno se da cuenta que los pensamientos liberados de toda intención, gravitan sobre puntos de atracción desconocidos para el sujeto y también que este discurso libre nunca es solitario: se dirige siempre a OTRO.

La transferencia no es otra cosa que este dirigirse a OTRO. El psicoanalista, a través del cual el analizante reactualiza sus diálogos con sus mas antiguos interlocutores, experiencia profundamente liberadora, que apunta a la autonomía, a preguntarse por las motivaciones más singulares.

De alguna manera des-cubrir el inconsciente no es otra cosa que reabrir, hacer circular de nuevo, en la relación con el otro algo que hace mucho había quedado fijado, enquistado.

Esto me ha llevado a reflexionar que si bien toda teoría es mortal el psicoanálisis más que teoría estaría del lado de una praxis consagrada a una repetición capaz de alborotar en las profundidades; ya que pone al descubierto que todo individuo humano se constituye como tal a partir de su relación original con el otro.

Ya Freud conjetura sobre el desarrollo de la civilización.

“Cabe conjeturar que la fundación misma de la familia

se enlazó con el hecho de que la necesidad de satisfacción genital

dejó de emerger como un huésped que apareció de pronto en casa

de alguien, y tras su despedida no daba mas noticia de si; antes

bien, se instaló en el individuo como pensionista. Ello dio al macho

un motivo para retener junto a si a la mujer, más en general a los

objetos sexuales. Las hembras que no querían separarse de sus

desvalidos vástagos, se vieron obligadas a permanecer junto al

macho, mas fuerte, justamente en interés de aquellos”.[1]

 

La red social interroga desde un principio al niño por nacer, prepara para él mucho de su tramado.

Es por este niño que la red necesita armar un proyecto, tener un objetivo con el cual podrá identificarse.

La lengua anticipa la temporalidad en la existencia y en lo biológico. Quien no es nombrado en su singularidad, no cuenta con la existencia. Esto es posible en tanto “el ser de uno comienza en la lengua de otros.

¿Locura inicial?  Otros piensan por nosotros. 

Interrogante crucial que divide aguas en la práctica del psicoanálisis.

 

El psicoanálisis ante la prueba de las generaciones

Freud escribió que todo individuo esta dividido entre dos necesidades ser para si mismo su propio fin y ser eslabón de una cadena a la que está sujeto sin la participación de su voluntad.

Veía la continuidad transgeneracional en la constitución del Superyo y el Ideal del Yo, para el niño el Superyo se construye sobre el modelo del Superyo de sus progenitores.

Los hijos son herederos de sus deseos, desdichas, inhibiciones, prohibiciones, etc.

Esta dependencia e influencia constituye tanto una potencia como una desventaja.

Nos encontramos en la clínica con pacientes que no han podido ingresar a una cadena generacional por un desencadenamiento en la transmisión y el hijo queda sin imagen, sin representación en los padres, sin linaje.

Brevemente me voy a referir a la falla de transmisión que Nicolás Abraham y María Torok denominan la cripta y el fantasma.

Cripta: del latín cryta y del griego krypte etimológicamente significa esconder. Gruta para esconder, de los profanos la tumba de los mártires, sobre estos hipogeos (túneles en las rocas o montañas) se levantaron iglesias.

Freud ya habla de criptomnesia en 1914 en “Contribuciones al Psicoanálisis” y se refiere a palabras pronunciadas por otros y no por aquel a quien un día la idea parece brotar de la nada.

La idea original revela su origen ajeno y la originalidad su carácter de falsa apariencia: la idea nace del afuera, diseminada en vocablos casuales, fragmentos pronunciados por locutores que no saben el sentido de lo que dicen; antes de poder reunirse en la enunciación de un sujeto en el interior de si mismo; somos engañados por  una pretendida originalidad oculta afuera.

La memoria opera siempre criptada, quedando desestimada la idea nueva; existe saber, inscripto en lo inconsciente, olvidado y en el olvido mismo puesto a trabajar.

La idea original, la palabra verdadera en un sujeto, como la palabra propia de un niño no es más que una falsa apariencia de origen por cuando es una memoria criptada.

Este concepto de memoria criptada lo voy a relacionar con una nota de Lacan que dice:“el niño realiza  la presencia de eso que se designa como el objeto “a” en el fantasma materno, sustituyendo a este objeto psíquico de la madre, cualquiera sea su estructura neurosis, perversión, psicosis”.  [2]

En la clínica con niños nos encontramos con niños hijos de padres, o de alguno de ellos portadores de cripta. El portador de cripta es alguien que oculta episodios de su vida como secreto conservado y ocultado, lo que conlleva a este sujeto a una denegación de su dolor.

Esta denegación si bien produce una escisión, se trata de un silencio selectivo sobre lo que toca el secreto encriptado.

En alguno de los padres la cripta produce efectos en el hijo ya que es victima de una forclusion parcial, en la medida que un elemento esencial de su historia familiar no puede serle presentado a tiempo y en una forma asimilable.

Cuando la madre portadora de cripta se descompensa; el niño va a operar un trabajo psíquico para intentar comprender lo que sucede.

El niño no deja de ser influido por un indecible o un innombrable de la madre pero reacciona activamente a ello, esto es lo que se llama trabajo del fantasma en el niño.

Fantasma: del griego aparición, son supuestas almas sin carne que se manifiestan entre los vivos de manera perceptible tomando una apariencia visible produciendo sonidos, olores. La aparición de fantasmas esta asociada a sensaciones de miedo.

 Ya que el niño ha percibido a través de las actitudes y los gestos de su madre este secreto y se manifiesta. ¿A que me refiero con percibir…? a momentos propicios de las transmisiones generacionales.

Es la historia y prehistoria  de los padres lo que opera en los primeros intercambios con el bebé y se transforman en signos tanto para la madre como para el bebé.

David Dumas llama a este circuito de los 3 a 5 años “niño telépata”.

El niño se identifica con los deseos Inconscientes y conscientes de cada padre respecto de él.

Pero cuando un niño permanece cautivo de un  secreto sus manifestaciones son bizarras, no alcanza a realizar un síntoma neurótico, aparecen palabras sueltas, injurias, aleteo o fenómenos psicosomáticos. Son las respuestas a este arrebato.

El hijo procurará reencarnar ese objeto de amor perdido para esta madre que sigue enlutada por él; esta procuración esta del lado de encontrar una ubicación como sujeto.

He encontrado una relación entre progenitor portador de cripta y psicosis infantil.

De aquí que la tarea de psicoanalista de niño sea de doble entrada: por un lado descubrir y elaborar cripta.

Por otro lado este hijo es el médium con que se vela un secreto, niño sobornado por lo tanto fetichizado, está mas allá de lo que puede parecer un rechazo hacia el niño.

Para el hijo es el encuentro con lo espectral.

Espectro: es una representación (se presenta una cosa en lugar de otra) de algo sobrenatural o aterrador, usualmente imaginario

Caso Clínico

Lucio tiene 6 años y es derivado por la pediatra, siendo bebé se le detecta una patología visual razón por la cual debe ser intervenido quirúrgicamente de los ojos en reiteradas oportunidades.

Los padres relatan que era un nene normal hasta que alrededor de los dos años ingresa al jardín de infantes, y aquí comienza según el relato de los padres los trastornos de conducta de Lucio. No tolera otros chicos. Se muestra agresivo, muerde, patalea, rasguña.

La presencia cercana de un semejante desencadena una verdadera avalancha de agresividad.

Lucio tiene lenguaje, controla esfínteres pero no juega, no dibuja, permanece sentado moviendo su cabeza en una especie de “no” eterno, cuando me acerco patea o manotea.

Dice su mama – “Yo siempre le hice todo, estoy a su entera disposición” “Vivo con terror a perder a mi hijo” “Cuando duerme lo muevo, lo toco y se que esta vivo” “Me gusta tenerlo acurrucado”

-   El problema es con los otros chicos.

-   Me vive preguntando si lo quiero.

 Cuando logro que permanezca solo conmigo en el consultorio dice - ¿Me va a venir a buscar mi mama?

 -       ¿Me quiere mi mama? 

Un poco de historia

La mama es la menor de una familia muy numerosa, su madre muere siendo ella muy jovencita, durante un tiempo prolongado que no puede especificar tiene alucinaciones visuales.

La madre se le aparece y le habla o ella pide ayuda a su mama, me comenta que lejos de asustarse le resultaba una compañía.

Respecto del padre es poco lo que logra construir.

Continúo trabajando con el niño sin dejar de escuchar los dichos maternos que pueden aparecer en el consultorio, en la sala de espera; al pasar…

Dice la madre: “Tiene el 90% de discapacidad visual”. “Yo soy sus ojos”. “La luz de sus ojos”.

- “No puede despegarse de mí”. “Lo tengo que tener conmigo hasta cuando voy al baño”.

Construyo una escena lúdica y jugamos a “los murciélagos”* (equipo de fútbol formado por ciegos y videntes que deben vendarse los ojos para equiparar capacidades)  Lucio comienza a abrir los ojos y a utilizar la mirada. Sigue con los movimientos de su cabeza la sonoridad de mi voz.

A partir de este momento terapéutico comienza a abrir cajones del consultorio, busca, revuelve, elije algún objeto y lo traslada a otro lugar encofrado del consultorio (cajón, debajo del diván, etc.)

Me pregunta si los voy a dejar en ese lugar o voy a retirarlos, le contesto que él puede volverlos a su lugar o esconderlos… Los deja escondidos.

Paralelo a esta actividad de extracción y sustitución de lugares comienza una reiteración de insultos sin destinatario preciso, al modo de injurias: “culo”, “tetas”, “pija”, “puta”… Son holofrases

Encuentra un especial goce en esta actividad, la madre dice que en la casa cada vez que esto sucede le pega en la boca.

En el consultorio producimos un juego en el que fuimos encontrando una manera de formar rimas con estos términos injuriosos.

Lucio concurre desde hace dos años a un jardín de infantes con maestra integradora.

La madre comenta que ella ha comenzado a hacer algo que solía realizar en su adolescencia; “bonsay” , dice que esta actividad la transporta a un tiempo inmediato posterior a la muerte de su madre y dice desafectada de toda emoción; que cuando púber solía hacer esta actividad en el lugar de la casa donde su padre asesino a su mamá.

En el curso del trabajo analítico con el niño portador de fantasma y un padre portador de cripta el riesgo es confundir en ciertos momentos la problemática del descendiente y la del progenitor.

En este caso: la madre de Lucio no ha logrado inscribir simbólicamente este acontecimiento (crimen) quedando en su economía psíquica como trauma; este trauma es causa de una repetición compulsiva ya que no le permite terminar de perder el objeto amado y lo sostiene sin afectación, sin sufrimiento. Pero aquello que no ha sido simbolizado retorna hoy en lo real del cuerpo de su hijo.

La agresividad en estos casos, esta vuelta contra si mismo, es decir contra el objeto de amor no perdido, sustituido en el cuerpo de Lucio. La sustitución no duela.

Es tarea del psicoanalista una clínica del espectro operando a fin de que esta mujer realice un trabajo de duelo, acompañar a que simbolice el suceso callado, este trabajo de duelo conlleva sufrimiento. Podríamos decir que la emergencia de angustia en la madre abre un posible camino a que este niño abandone este cautiverio.  

Cuando logre extirpar el secreto, este devendrá acontecimiento y podrá ser inscripto como recuerdo.

Acompañar, conducir una cura de la madre orientada a una revalorización del tiempo posterior al acontecimiento traumático, a fin de reinstalar el tiempo del inconsciente ya que ésta mujer esta encapsulada en el hecho sin el porvenir, sin represión.

Cuando el pasado se manifiesta invertido en la repetición y se transforma en objeto perdido, se realiza el duelo haciendo que se privilegie el período que procedió al hecho traumático.

(En la cripta la persona perdida descansa viva, reconstruida a partir de imágenes al modo de magia oculta, el duelo mata, entierra a la persona perdida)

Producir una modificación en la relación con el objeto perdido, se renuncia a lo que ya nunca podrá suceder, en este caso: “a que no haya sucedido” y producir un cambio subjetivo en Lucio, a fin de que deje de ser sustituto de la madre muerta.

“Aquello de lo que el sujeto no puede hablar lo grita por todos los poros de su ser”.[3]

El odio de la madre es un síntoma del cual ella no es más responsable de lo que es el niño de su fenómeno.

El odio es la causa de la ruptura del vínculo con el amor.

El hecho de que esté habitada por el odio no quiere decir que ella esté en el origen de ese odio. No considero una psicogenesis.

Precisar en que generación y en que circunstancia se sitúo el origen de ese odio es causa perdida, es tarea analítica descifrar la historia y levantar el velo que recubre la genealogía.

Generar cortes imaginarios que permitan la puesta en palabras (registro simbólico).

Hacer que este hijo deje de ser objeto del goce de esta mujer. Que deje de ser bolsa de órganos y se instale en Lucio la Demanda a la madre, logrando hacerse sujeto activo que le pide a la madre que acepte lo que “él le ofrece”.

Realiza una expropiación de Lucio ya que Lucio esta “a la entera disposición de la madre” Ha suprimido la relación posible con otros.

Goza plenamente en tanto los otros deben renunciar a sus pretensiones con su hijo Lucio también renuncia a contar con un cuerpo, “no siente su cuerpo no lo experimenta, no cuenta con la vivencia corporal; funciona el “si mismo”.

 

Lucio es puro organismo, cuerpo desmembrado ya que está identificado con los progenitores de la madre ¿hijo incestuada?

No existen en los dichos de la madre convocatoria a vivir para Lucio – “Soy sus ojos”

Lucio pierde la envoltura libidinal que haría de su organismo un cuerpo erógeno.

Lucio aparece como producto incompleto de una mujer; niña herida.

Lucio es prolongación o espejo del cuerpo de la madre que vive la disminución visual como si fuera de ella, dos cuerpos que hacen uno.

Cuando no existen proyectos sobre un hijo, de éste nada se espera. Se modela un dis-capacitado.

Explica quizás la lucha interna entre el deseo de vida y el deseo de muerte de ambos.

Lucio y su madre guardan entre si una relación de identidad.

Este desplazamiento del odio hace que Lucio no se apropie del lenguaje; no es sujeto activo de un discurso

-       ¿Mi mama me quiere?

-       ¿Soy la razón de tu vida?

-       Te amo sos la razón de mi vida..

Frases interrumpidas, holofrases, ya que la falta de transmisión generacional convierte al niño en un atrapado sin poder hacer la pregunta ¿me quieres?... con ese impasse para la estética.

La estética según Borges, es lo que esta insinuado, no dicho del todo.

Si se toca la cosa, responde la cosa… si se toca un sujeto, responde la representación, la imagen.

El deseo del analista será tocar lo intocable, lo que nunca tocaré.

Por lo tanto sera tarea psicoanalítica montar escenas que modifiquen la imagen que la madre coagula de Lucio.

Toda realidad histórica familiar es siempre una reconstrucción y en los casos de secreto familiar lo importante nunca reside en el secreto mismo, sino en las múltiples estrategias empleadas por las generaciones sucesivas para acomodarse a el.

El psicoanálisis también esta al servicio de reconstrucciones; “pone en tela de juicio en cada caso la teoría; no es una transmisión artesanal ni un oficio y si se reduce a una practica se torna  no enseñable o se torna una práctica religiosa.

Es necesario que el discurso del psicoanálisis sea capaz de enseñarse.

Si hay algo que nunca perderá su vigencia es la atemporalidad del inconsciente. La verdad es el olvido del olvido del propio tiempo; es interrupción que solo podremos captarla por sus efectos. La verdad es imposible de ocultar como el caso clínico que antecede lo demuestra. Se hace presente en forma de sueños, síntomas, lapsus, y también en la estructura psicótica de un hijo si no se encuentra con un psicoanalista que este dispuesto a develarla y a elaborarla.

¿Será por esta abolición del tiempo que se engendra la “eternidad de las verdades”? al decir de Badiou.

 

[1] Sigmund Freud. El malestar en la cultura, Cap V

[2] Jacques Lacan. Dos notas sobre el niño

[3] Jacques Lacan – “Escritos I”