ORIENTACION VOCACIONAL: UNA PRACTICA SOSTENIDA EN LAS PREMISAS DEL PSICOANALISIS...
Rosanna Candelero
Comentario de: Norberto Diaz
 

El contenido de este artículo corresponde al texto de la conferencia “Orientación vocacional: una práctica sostenida en las premisas del psicoanálisis...” dictada por Rosanna Candelero, y a los comentarios a cargo de Norberto Díaz. La exposición tuvo lugar el 6 de septiembre de 2001 en el Ciclo “El psicoanalista: sus prácticas” organizado por Espacio Psicoanalítico – Agrupamiento de Analistas, Rosario. 

            Buenas Noches!... Me da muchísimo gusto estar hoy aquí... Le agradezco a Espacio Psicoanalítico esta posibilidad, y  a todos Uds. que se hayan acercado para trabajar con nosotros.

Yo dividí esta exposición en dos momentos: el primero, de corte más bien teórico, será un intento por interrogar el supuesto de la “libre elección”. Supuesto que subyace, tanto en la pregunta que conduce a muchos adolescentes a la consulta, como en la práctica de muchos de los profesionales que se ocupan hoy de la llamada “Orientación Vocacional”; y está basado en parte de un material que junto a Virginia Kasten y a Matilde Fridman escribimos en el marco de un trabajo de investigación desde donde nos propusimos indagar acerca de “las condiciones subjetivas que facilitan u obstaculizan la elección de una carrera...”. El segundo, un trabajo clínico, producto de mi práctica en una de las Sedes Regionales del Servicio de Orientación Vocacional dependiente de la Secretaría de Relaciones Estudiantiles de la UNR.           

¿Es compatible la idea de la “libre elección” con la de la “determinación del sujeto” en psicoanálisis?

            Tomaré prestado algunos textos de Freud y de Lacan que vinieron en nuestra ayuda, dándonos pistas para avanzar en la respuesta a nuestro interrogante.

            Leemos en “El malestar en la cultura” (1929): “…La actividad profesional brinda una satisfacción particular cuando ha sido elegida libremente…”.

            Ahora veamos, ¿qué está diciendo Freud cuando habla de elegir libremente? Para él se trata ni más ni menos que de “…volver utilizables mediante sublimación inclinaciones existentes, mociones pulsionales…”.

            Freud va a establecer aquí una diferencia entre: el trabajar (agreguemos nosotros el estudiar...), en tanto actividad transformadora, y aquel otro trabajar que se concibe en términos de adaptación pasiva, de ajuste al medio. Aquel que no alcanza mayor meta que lo que podríamos llamar paradójicamente: la supervivencia.

            El mismo Freud en “El motivo de la elección del cofre”...  aquel texto de 1913, en el que trabaja la cuestión de “la elección que un hombre hace entre tres mujeres”, a partir de dos escenas de Shakespeare: El mercader de Venecia, -donde la elección de los cortejantes se realiza entre tres cofrecillos que Freud decide, por sustitución simbólica, considerar tres mujeres-, en el que la hermosa y prudente Porcia está obligada, por voluntad de su padre a tomar por esposo sólo a quien escoja el correcto de tres cofrecillos que se le presenten: uno es de oro, otro de plata, y el tercero de plomo (el correcto es aquel que encierra su retrato). Después del fracaso de dos pretendientes que escogieron oro y plata, Bassanio, el tercero, se decide por el plomo, y gana de ese modo a la novia, de quien curiosamente, ya poseía las simpatías, antes de la prueba del destino. Es en este caso el tercer metal entonces, el plomo, el dispensador de fortuna.1 Y la otra escena a la que hace referencia, es aquella en la que el viejo Rey Lear decide repartir en vida su reino entre sus tres hijas, según la medida del amor que le profesen. Las dos mayores se deshacen en juramentos de amor y alabanzas, en tanto que la tercera, Cordelia, se rehúsa a hacerlo. El rey no reconoce este amor recatado y silencioso de la menor, y reparte su reino entre las otras dos, para su propio infortunio y el de todos. Freud recurre también a cuentos populares como el de Cenicienta, y a creaciones poéticas que tienen por contenido la misma situación

Bueno, les decía que en “El motivo de la elección del cofre”, Freud afirma que “La libre elección entre las tres hermanas no es en verdad libre, pues necesariamente tiene que recaer sobre la tercera…”

Se pregunta: ¿quiénes son estas tres hermanas y por qué la elección recae sobre la tercera? Propone mantener la osadía de valerse de una aplicación de las técnicas psicoanalíticas para resolver su enigma... Y dice: “…Puede llamarnos la atención que aquella tercera mujer, tenga en varios casos además de su hermosura ciertas particularidades…”. Y aquí se detiene ante unos indicios bien interesantes... Encuentra que reiteradamente, aparece en ellas la mudez como atributo, ya sea en forma directa o en otras que considera asimilables: el ocultarse de Cenicienta; la palidez del plomo, en comparación con la naturaleza estridente del oro y la plata, en Porcia; la modestia en Cordelia que ama y calla... y se decide finalmente a concentrar en “la mudez”, las peculiaridades de esta tercera mujer.

Conviene recordar que, la mudez es en el sueño una figuración usual de la muerte: en un recorrido sobre el papel y origen de las diosas del destino, realiza después un desplazamiento donde “la tercera”, pasa de ser una muerta a ser la muerte misma, la diosa de la muerte. Si nos atrevemos a continuar por este camino, y aceptamos que la tercera de las tres hermanas entre quienes se realiza la elección es la diosa de la muerte, señala, nosotros las conocemos: son las tres hermanas que presiden el reparto de los destinos: las Moiras o las Parcas que tienen en sus manos una especie de poción, un phármakon, capaz de curar o matar. Son las guardianas del orden en la vida humana, como las Horas de la legalidad natural. Laquesis, parece designar lo azaroso, diríamos: el vivenciar. Luego, Atropos es lo inexorable, la muerte, y entonces para Cloto resta el significado de la disposición fatal, congénita.

¿Qué queda por resolver a Freud? La aparente contradicción de que la elegida (la más hermosa, la más prudente, la única hija fiel) sea la diosa de la muerte. “…en nuestro motivo, -nos dice- eligiéndose libremente entre tres mujeres, la elección siempre recae sobre la muerte; y nadie elige la muerte, de quien se es víctima por una fatalidad”.

Es la sustitución por el contrario, habitual en el trabajo analítico, lo que le permite sortear esta aparente contradicción. La reacción frente al hecho de estar sometido a la inexorable ley de la muerte fue la creación de un mito donde la diosa de la muerte, es reemplazada por la diosa del amor.

Es sabido que el hombre usa la actividad de su fantasía para satisfacer sus deseos insatisfechos. Así, la diosa de la muerte se transforma en la más apetecible y amable de las mujeres. Esta sustitución se halla facilitada por una antigua ambivalencia, una primordial identidad... La Afrodita griega, -nos recuerda-, diosa del amor, la seducción y la belleza, no carecía de todo vínculo con el mundo subterráneo2. La Noche y El Día: voracidad que destruye y fecundidad que produce...

Un nexo primordial entre ambas diosas, es lo que permitió la consumación de esta sustitución, y es en esta misma consideración donde Freud encuentra la respuesta sobre el origen de aquel rasgo de la elección en el mito de las tres hermanas. Ha sobrevenido también aquí un trastorno de deseo...  La elección ocupa el lugar de la necesidad, la fatalidad… Uno elige ahí donde en la realidad efectiva obedece a la compulsión...  

Dejemos por ahora a Freud...

En el Libro 11 de su Seminario, Lacan habla de un sujeto esclavo del significante. Dice que el significante nace en el campo del Otro; pero también señala un entre… de significante a significante…, y sostiene que es precisamente ese “entre”, lo que hace lugar a la indeterminación.

Démosle la palabra al propio Lacan: “…Si se le capta cuando nace en el campo del Otro, lo característico del sujeto del inconsciente es que está, bajo el significante que desarrolla sus redes, sus encadenamientos y su historia, en un lugar indeterminado.”

¿Podemos situar en esa misma fisura la posibilidad, el margen de libertad... del sujeto concebido desde el psicoanálisis? Un sujeto ciertamente evanescente, que se sustrae… Sujeto al cual el significante petrifica, en el mismo movimiento en que lo coloca en un estado de desaparición. Único modo en que puede aparecer. Un desaparecer que, entonces, insiste...

Estábamos en que la noción de significante se torna indisociable de la de intervalo, en tanto éste forma parte de su propia estructura. A propósito de esto, Claude Rabant dice que en el significante  siempre se trata de la diferencia y de la distancia. “…No hay definición posible de “significante” sin la función de esta diferencia y de esta caída, que vienen a contrastar por un instante con la línea recta del discurso”. 

Tenemos así que la noción de significante es indisociable de la de intervalo, e intervalo es enigma, pérdida de sentido, experiencia de la falta del Otro, angustia… pero al mismo tiempo, motor… impulso…  

Volvamos a Lacan: “… En el intervalo entre estos dos significantes se aloja el deseo que se ofrece a la localización del sujeto en la experiencia del discurso del Otro, del primer Otro con que tiene que vérselas, digamos, para ilustrarlo, la madre, en este caso. El deseo del sujeto se constituye en la medida en que el deseo de la madre esté allende o aquende de lo que dice, intima, de lo que hace surgir como sentido, en la medida en que el deseo de la madre es desconocido, allí en ese punto de carencia, se constituye”.

Ya antes, en el curso del mismo seminario afirma que, es en ese intersticio donde se arrastra, se desliza, se escabulle eso que llamamos deseo. “El sujeto aprehende el deseo del Otro en lo que no encaja, en las fallas del discurso del Otro, y todos los por qué del niño no surgen de una avidez por la razón de las cosas –más bien constituyen una puesta a prueba del adulto, un ¿por qué me dices eso? re-sucitado siempre de lo más hondo- que es el enigma del deseo del adulto”. 

Parece ser este un momento propicio para recuperar la pregunta inicial: ¿Es compatible la idea de la “libre elección” con la de la determinación del sujeto en psicoanálisis?

Destaquemos, en las citas de Freud, al menos dos cuestiones significativas. La idea de una libertad ligada a la satisfacción que produce el realizar una actividad en la que confluyen utilidad y ganancia de placer. Y la idea de una elección que obedece a la compulsión; de una elección necesaria, forzada, y vinculada a la fatalidad.

También en Lacan hallamos un nexo entre elección y muerte. Cuando a fin de dar cuenta de las operaciones fundantes en la realización del sujeto, no sólo pone el acento en el valor del intervalo, sino también ubica la muerte, más precisamente la pulsión de muerte, como ese límite que posibilita…, esa constricción que simultáneamente abre a lo nuevo…

Entonces... libertad no en el sentido de que yo, conciente de mí, soy libre de elegir entre esto, aquello y lo otro, como elementos dados de antemano. La elección de la que hablamos es una elección forzada y necesaria, en tanto acto  Hay una coacción que exige una resolución, pero que no determina ni orienta unívocamente la dirección. De este modo, concluíamos nuestro trabajo diciendo con Juan Ritvo3 que, en psicoanálisis, libertad y determinismo no se oponen polarmente, y que elegir es dar un salto a lo indeterminado…  

Como les decía al comienzo, voy a detenerme ahora en algunos fragmentos clínicos que he seleccionado, a fin de situar las operaciones que indefectiblemente han de producirse para que un adolescente pueda franquear el acceso al "mundo adulto".

Quienes trabajamos con adolescentes somos con frecuencia convocados, a veces como interlocutores, y otras como testigos de los interrogantes que éstos se formulan sobre su origen... sobre su futuro... El modo en que cada sujeto responde a estos cuestionamientos es lo que se conoce como “novela familiar”. Producto de la sobrestimación de los padres, funciona como una intermediación necesaria entre los dos tiempos de constitución subjetiva. Artificio que, cuando el trayecto se encuentra dificultado, hay que ayudar a desmontar... 

"Elegir" una carrera... Esta decisión que se le impone al adolescente, justo allí cuando termina sus "estudios secundarios", coincide algunas veces -en el mejor de los casos- con el final de la segunda vuelta en el recorrido de la constitución de un sujeto. A propósito de este tiempo que algunos denominan "el segundo despertar sexual", Freud plantea en “Las metamorfosis de la pubertad”, que contemporáneo al refuerzo somático que acompaña el resurgir de aquellas infantiles inclinaciones incestuosas, se consuma, merced a una barrera cultural que apela a todos los recursos, uno de los logros psíquicos más importantes, pero también más dolorosos: el desasimiento respecto de la autoridad de los progenitores. 

            La experiencia analítica nos indica que, muchas veces, este movimiento se halla interrumpido, dado que las funciones que lo hacen posible, se han visto demoradas o dificultadas por innumerables razones de las que no voy a ocuparme. Lo que me interesa es poner el acento en un punto de empalme entre, la posibilidad o no, de "elegir" una carrera o un trabajo, y la posición en que se encuentra un joven respecto de sus objetos edípicos. 

Emilia y Fabián participaron de un mismo grupo de orientación vocacional en la Sede Reginal Casilda del S.O.V.

Emilia, 17 Años:

            "Siempre dije que iba a estudiar Medicina, Dermatología... Es una linda carrera para mujeres...”  Piel - Cremas - Mujeres...

            “No sé de donde me viene esto... Mi mamá es Bioquímica y mi papá Médico... Para un Especialista de Piel no hay urgencias; no es como un Pediatra o un Cirujano... Mi mamá dice: ‘Ponés un horario y te queda tiempo para otras cosas..., atender la casa...’ ”  Cosas de mujeres...

            "A mi me gustan los números,  vos qué decís?... Ciencias Económicas?..." 

            La mamá de Emilia se ocupaba mucho de sus cosas, de la casa, de sus hijos, especialmente de ella... Emilia decía no soportar el pensar que al año siguiente su mamá no iba a estar con ella como hasta ahora. Estudiar en la Universidad implicaba irse a vivir a Rosario, que si bien queda muy cerca de su localidad, "es otro mundo".

            Dice que no sabe que es lo que le pasa últimamente, pero que se siente muy mal...

            "Yo antes lo tenía todo muy claro. Desde que empecé a dudar no hago otra cosa que pensar en qué voy a hacer el año que viene... Por eso estaba apurada por que comience el grupo". 

            Durante una entrevista realizada antes del trabajo grupal, Emilia se mostraba muy incómoda e irritable ante cualquiera de mis preguntas. Estaba malhumorada, y cual nena caprichosa me exigía le diera una respuesta... Que le dijera...  (qué carrera seguir; para eso había venido).

            Ahora veamos, su mamá le había dicho, sin embargo a ella, le gustaban los números...

            Los consejos de su madre ya no le alcanzaban, pero se preguntaba si podría arreglárselas sola. Y, justo en esa Facultad. Pensó en la privada, pero "dicen que es mejor la Estatal". Estaba desesperada. Tenía miedo de que le vaya mal.

            Emilia corrió al servicio en procura de algo que la sostenga a partir de que dejan de funcionarle sus referentes habituales.

            ¿La niña mimada, podrá resolver, como tantas otras chicas de su edad los problemas que a diario surgen en una casa, cuando no está mamá para ocuparse de todo?

            Hasta ese momento ella sabía qué tenía que hacer para que todo marche bien...  ¿Y ahora qué ?... En su colegio era la abanderada...  ¿Sería capaz de estar a la altura de las exigencias de la Universidad?

            Allí donde algo ya no es, aún falta lo que ha de venir...

            Fantasea con ser Contadora, volver con el Título. Tener su propio Estudio.           

            En el transcurso de la tercera reunión grupal, después de haber manifestado sus temores, pues en Rosario hay un violador que ataca a las Marías... y ella se llama María, María Emilia. (Una de las primeras cosas que me dice cuando llega a la consulta es que no le gusta que la llamen María), y tras las risas de los otros chicos que no pueden creer que esté hablando en serio, se lamentó:

            "Bueno, sea como sea, al final del año, esto se termina, y aunque no me fuera a Rosario, no seguiría siendo de Quinto, y mis compañeros ya no estarían, ya no los vería todos los días". (constricción que simultáneamente abre a lo nuevo… ?) 

            Cuarta reunión:

"No me voy a poder adaptar. Mis amigos dicen que soy muy problemática".  _ "Y sos ?" pregunté. "Si, es cierto. Soy muy negativa..."  Y a continuación: "...Hay algo de bueno en esto de irme. Voy a dejar de ver a la gata de mi mamá..."   Risas. "No la soporto, la trata como a una hija".

Cuenta que por estos días se la pasa peleando con su mamá, quien no para de decir boludeces.

Una ranura surge, y con ella la posibilidad de formular una pregunta que haga lugar a la emergencia de un sujeto. El sujeto del que se trata se constituye en la pregunta misma. "Me dices eso, pero qué quieres ?". Lacan nos ofrece, a modo de apoyos para el pensamiento, un artificio que da cuenta de las dos operaciones de la realización del sujeto en su dependencia con el significante respecto del lugar del Otro; a saber: alienación / separación.

Enigma del deseo del Otro. Estado de vacío en el que descubre que ya no es la que era, y que sus puntos de referencia ya no le sirven... Caída del Otro que la arrastra... Zozobra fecunda, en tanto que hace lugar a una parición... separación que engendra al sujeto deseante.

            Recordemos que del deseo Lacan dice que se desliza en los intervalos que cortan los significantes en  el campo del Otro; que nace en la fallas del discurso del Otro. 

Hacia el final de la quinta reunión:

            "Estoy entusiasmada, pensando en la decoración del departamento; en hacer que ese lugar que va a ser mi casa, sea un sitio agradable".  Y con este comentario, una nueva pregunta: "Con quién vivir? " 

            Fabián, 18 Años:

            Antes del inicio del trabajo grupal realizamos tres entrevistas donde surgieron algunas cuestiones vinculadas a su familia: comenta que él se separó de su padre cuando tenía 5 años y no lo ha vuelto a ver desde entonces. Dice que esto ya está superado, y rápidamente sin dejar lugar para nada más, cambia de tema. Más tarde agrega, como al pasar, que vive con su mamá, y que su abuela paterna los ayuda económicamente (“siempre estuvo en muy buena posición”). Me cuenta que él "es muy ansioso" y "no puede esperar". 

            Primera reunión grupal:

            Fabián no paraba de hablar... Se presenta diciendo ser "el alma del curso". Y se empeña en tomar el mismo lugar, en el grupo. Se lo veía exultante, hasta parecía brillar.

            "Yo siempre pum,  para arriba !" "Yo odio que decidan por mi... Siempre me dejaron hacer lo que quería, tanto en la primaria como en la secundaria"  _ "Quiénes ?"  "Mi mamá y mi abuela. Ellas hacen cualquier cosa  por mí. Yo soy todo lo que tienen".

            Se esforzaba todo el tiempo por tener respuestas ingeniosas, divertidas.

            "Yo me pongo la careta y no permito que nadie vea más allá de lo que estoy dispuesto a mostrar", advierte.

Tenía el aspecto de un principito encantador que se tornaba desagradable cuando hablaba sin parar de moverse, como ocupándolo todo, espacio y tiempo, sin dejar resquicio alguno. 

Tercera reunión:

“Tengo miedo de no poder estudiar”

Fabián era “buen alumno”, pero según él, en su escuela con poco basta. Se mofa de sus “maestras” (así las llama), pues, por un lado “no saben nada”, y por otro, las compra (seduce) fácilmente, con una sonrisa. 

Hasta el séptimo encuentro, no ocurre nada diferente. Fabián mantiene la misma pose (posición). Pero ese día, él y Mariano, su amigo, regresaban de unas jornadas llamadas Universidad Abierta, que consistían en visitas guiadas a las distintas Unidades Académicas de la UNR, con el objetivo de obtener información sobre las carreras y el ingreso a las mismas. Se los veía abrumados.

            Dice Fabián:

            "Empiezo yo, así me desahogo".  Su voz sonaba como apagada y el brillo de sus ojos había desaparecido. Continúa: "Fue un día espantoso ayer en Rosario... Yo sólo en la Siberia... De noche... (Habían llegado muy temprano por la mañana).  Me asustaron esas caras... Desastrosos... Mal vestidos... Todo era una mugre. Acostumbrados a la Escuela... Uno dirá lo que dirá, pero la verdad es que la Escuela es excepcional..."

Empieza a ceder la angustia, y ahora, tomándolo a risa:

            "Para colmo yo había ido con un poquito de ropa... Parecía llegado del campo... Se dieron cuenta todos de que no era un alumno".

            Esperó hasta que se hizo la hora de la jornada sin hablar con nadie. El sólo miraba. No pudo preguntar nada. Suponía muchas cosas, demasiadas, y sobre eso trabajamos.

            "La verdad es que acá uno ya sabe con qué se va a encontrar... Ah! Y cuando subí al urbano... No tenía tarjeta... No sabía..."  El chofer le dijo que lo bajaba en la próxima parada. Una chica se le acercó y le ofreció su tarjeta.  _ "Hay gente buena también", señala una de las compañeras del grupo. "Si, seguro que también era de afuera”, le contesta.

            "No sé que me pasó. Yo amo a Rosario. Voy a pasear seguido, y todo es color de rosa...  Esto me deprimió un montón. Tengo ganas de ir pero ya no es lo mismo. Me desilusionó la Facultad... " 

            Última reunión:

            "Ahora sí que no sé para qué vine. Yo tenía las cosas claras... Va, al menos, eso creía. Hoy no voy a hablar... No me gusta ponerle punto final a las cosas. Estoy triste. Sí, nos podemos seguir viendo, pero el grupo terminó...

            Además, vos, no sé... No me decís... Yo esperaba... Pensaba que iba a ser distinto, que iba a tratarse de test psicológicos, que me iban a aconsejar... Pero vos...

            Cuando empezamos yo veía que otros tenían problemas y yo lo veía todo color de rosa; después me empecé a plantear los problemas de los otros, los asumí, y me desestabilicé un poco. Además, el conocer la Facultad me ayudó a deprimirme. Ahora, no sé donde estoy parado. Me siento como en el aire. Me parece que voy caminando sobre baldosas flojas".

Le digo que tal vez, el dejar de verlo todo color de rosa, sea lo que le permita descubrir otros colores... 

            Se había acabado el tiempo y teníamos que terminar, así que les ofrezco a quienes quisieran, la posibilidad de volver para seguir trabajando en una entrevista individual, sobre alguna cuestión que les haya quedado pendiente.

            Había una suerte de pesadez general, un silencio denso... La mayoría de los jóvenes manifestaba estar contentos con haber podido "tocar algunos temas de los que no se habían ocupado antes", y de haber "solucionado algunos problemas; respondido algunas preguntas..."

            Fabián exhibía su pesar...  Caminó lentamente hacia la salida, junto a sus compañeros, unos treinta metros. Llegan hasta la puerta. Se detienen a intercambiar teléfonos y direcciones. Y es entonces que le escucho cantar, en voz muy baja, casi susurrando: "Volver a empezar..."  Desde lejos le respondo, también cantando:  _ "Que no termina el juego..."   Fabián se ríe, sus compañeros también, y se van... 

            Me pregunté: lo habré escuchado; me habrá escuchado?... 

De la angustia a la risa... Mi intervención tuvo el efecto de un chiste. Y su risa no era tan sólo la señal de que me había escuchado. La risa y la letra de aquella canción me hicieron caer en la cuenta de que esta vez, sin negar la dificultad, algo había sido tramitado, y con un plus, eso que se conoce como ganancia de placer.

 Pasaron alrededor de diez meses hasta que, en una nueva entrevista, me contó que estaba por viajar en esos días a encontrarse con su padre ( _ "A  ver qué dice ?" ). Tenía ganas, y cierta inquietud por conocer "su versión" acerca de aquella separación.

Ya para ir terminando, quisiera puntualizar que:

Por un lado, es en distintos momentos del trabajo grupal que Emilia y Fabián, cada cual a su tiempo y a su modo, pudieron tomar cierta distancia de algunos mandatos familiares que otrora tenían tanto peso para ellos.

            La separación que conlleva "la caída" es, como decía al comienzo, citando a Freud, una operación tan dolorosa como necesaria, puesto que posibilita, entre otras cosas, el hacer propia una "elección" y afrontar sus consecuencias.

            Por otro lado: el dispositivo grupal, al que hago referencia, es uno de los recursos  a los que hecho mano para trabajar con quienes encuentran dificultoso el "pasaje" de la Escuela Media a la Universidad. Como todo dispositivo, tiene desde luego sus alcances y sus límites.

            Me interesa hacer hincapié en que, tanto en la propuesta de trabajo grupal, como en las entrevistas individuales, en cualquier caso, se trata para mi de una práctica que se sustenta en las premisas del psicoanálisis; de allí que sostengo que la labor está siempre orientada, para decirlo de alguna manera, a atender: acompañar, intervenir, al tiempo del sujeto. 

Mientras releía mis notas con el propósito de seleccionar el material para la presentación, recordé a Michel De Certeau, quien en "Historia y Psicoanálisis", dice:

            "Antaño, bajo lo cómico de sus memorables aventuras, Félix el gato era representado así... El corre a toda velocidad. De repente, se da cuenta y los espectadores junto con él, que le falta el suelo: hace un instante dejó el borde del acantilado que recorría. Hasta el momento en que se da cuenta él, entonces cae al vacío.........  La caída sólo es el aspecto secundario de una constatación: la desaparición del suelo sobre el que creímos caminar y pensar..."             

Vacilación. Caída:  Chance del sujeto... 

BIBLIOGRAFia Consultada:
De Certeau, Michel: “Historia y Psicoanálisis” (1995) México. La Galera, S.A. de C.V.
Freud, Sigmund: “Obras Completas” (1992) Bs.As. Amorrortu Editores.
Lacan, Jacques:“Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”(1992) Bs.As. Paidós.
Rabant, Claude: “Inventar lo real”. Bs.As. Ediciones Nueva Visión, 1992  

Comentario a cargo de Norberto Díaz:

Agradezco la presencia de Uds. en esta nueva jornada del ciclo “El Psicoanalista: Sus prácticas". Como dice la convocatoria a esta sección: “Nos hemos propuesto abrir un espacio de intercambio respecto de la clínica psicoanalítica. Se trata de una apuesta a interrogar del psicoanálisis su pertinencia y eficacia en su entrecruzamiento con otras disciplinas...”  

Voy a hacer algunos comentarios que el trabajo que nos presentó Rosanna me sugiere. En lo que voy a decir se reconocerá que toda lectura implica al que la realiza, y excluye otras posibles...

Creo que en el trabajo que nos fue presentado se destaca un lugar, se sitúa una posición que nunca debe ser abandonada por quien dice seguir la enseñanza de Freud y Lacan. Quizás esta posición se torna más evidente en tanto aquí se puso en marcha un dispositivo no tradicional.

Si en alguna medida para cada paciente que nos consulta debemos inventar el dispositivo, esta invención se hace más notoria cuando el analista desarrolla su labor en un medio no habitual. En este caso: el encuentro con jóvenes que se acercan a la Universidad, interrogados por la elección vocacional, -Reparemos en que esta palabra, tiene un sentido de llamada: acción de llamar, del y al Otro-. Por otra parte, la modalidad de trabajo grupal. Dos variables que harían impracticable, según algunos, la puesta en juego de los medios propios del Psicoanálisis.

Pero no cabe duda que no se trata solamente de dispositivos sino de qué hace aquél que está dirigiendo en él.

La aparente “homogeneidad” de la demanda, en estos casos, suele tentar a una estandarización que se refleja claramente en el uso de los tests –Vemos, en los recortes clínicos, cómo éstos son solicitados por uno de los jóvenes-. Dado que todos tienen el mismo problema, para qué escuchar la singular puesta en juego de esa demanda!

Sin embargo, es justamente por el riesgo de esta tentación de homogeneizar, que se hace necesario estar alerta para hacer lugar a la singularidad de la posición que cada uno tiene respecto a lo que demanda.

Por otra parte, queda visto que no hay ningún impedimento para trabajar en un grupo si la escucha está atenta a lo que pueda hacer surgir una posibilidad de intervención. Es más, en el recorte clínico sobre Fabián, yo diría que la intervención es una intervención no sujeta a dispositivo alguno, en tanto se produce fuera de cualquier formalidad de encuadre, sea este tradicional o no. En transferencia significante, se redobla lo que ha sido dicho. Se retoma el “...tal vez, el dejar de verlo todo color de rosa, te permita descubrir otros colores... ”, desde el “...que no termina el juego”.

Lacan sitúa el psicoanálisis en extensión en una relación en ocho interior con el psicoanálisis en intensión, reservando este nombre para el didáctico. Si tenemos presente la representación del ocho interior recordaremos cuánto se parece a dos círculos, uno incluyendo a otro. Pero nada de eso. Es una línea continúa que traza un ocho con la vuelta superior para adentro. Los espacios que parecen así delimitados, no lo están, puesto que no hay corte en la línea. Una pasa por encima de la otra. Pues, es con esos espacios con los que nos las tenemos que ver... Eso tendrá la apariencia de un límite pero al mismo tiempo lo de afuera está adentro, y viceversa. Lo importante es el corte que hagamos en el mismo.

Rosanna muestra así, que la posición de un analista es la de procurar mantener abierta la línea que recorre la demanda haciendo así imposible su cierre, con lo que se trata de bordear el deseo, la enunciación, lo que llamábamos singularidad. Estoy haciendo ahora otro uso del mismo dibujo.

Me permito aquí una aseveración que acentúa lo dicho al final del trabajo: No se trata solamente de “atender, acompañar o intervenir al tiempo del sujeto”, sino de producirlo con nuestra intervención.

En el material clínico que citaba, “volver a empezar” nos conduce a pensar que la angustia que desaparece, indica que el joven se encontraba todavía atrapado en un lugar objetal, y que fue necesaria otra vuelta, para terminar el recorrido que lo separe de ese lugar. De ahí la angustia que se transforma en chiste, en la medida en que sancionado de otra manera el “volver a empezar” angustiante, se transforma en un deseante: “no se termina el juego”. Pues el juego es justamente, “la chance del sujeto”. Esto último es preciso tenerlo en cuenta ya que de eso se trata, de una suerte, de una apuesta que de no hacerse termina en una vida a la espera de la jugada del Otro.

En toda elección, lo que se pone en juego es, nada más ni nada menos que la castración del Otro, y la del sujeto. La pregunta insistente, “una puesta a prueba del adulto”, no busca la respuesta sabihonda, sino la comprobación de que en el otro, el que dice es el sujeto de la enunciación, y que una vez reconocido esto, no queda más que un acto para el sujeto que interroga, en vista de que no hay un saber que responda de sus palabras sino un “lo deseo”.

De ahí que no es cuestión de “evaluar” las condiciones intelectuales o aptitudes que cada quien posee para una u otra profesión, sino de una posibilidad de hacer que cada cual despliegue sus cartas, las que ya tiene... Como dice Lacan: recurrir a los títulos o insignias que el sujeto adolescente a logrado a la salida del Edipo. Entonces: una apuesta subjetivante, y no el tiempo del otro con mayúscula o con minúscula.

Pero la apuesta, primero es de la analista, quien se ubica en un lugar que no es fácil de sostener, porque el imaginario social alienta, -al indicar que ante tal o cual problema debemos pedir la ayuda de un especialista-, alienta decía, la demanda de un saber. A eso también concurre nuestra oferta; en este caso: “Servicio de Orientación Vocacional”. Estas ofertas hacen que se autorice el: “dígame qué quiero”. Es justamente partiendo de ese inevitable punto que debemos encontrarnos con las dificultades propias, -que las hay-, en cuanto a no tener prejuicios respecto a lo que hace un analista en su práctica.

Dicho de otra manera: el psicoanálisis, su acto, no se define por el dispositivo sino por el efecto sujeto que puede o no producirse. De no partir de allí, estaríamos sustancializando nuestra práctica. 

Abrimos ahora el espacio para el retrabajo...


1 Una primera conjetura sobre lo que puede significar esta elección entre oro, plata y plomo es aquella que Freud encuentra en un texto de Stuken, quien afirma: “Lo que los pretendientes de Porcia escogen revela lo que cada uno es”. Bassanio elige el cofre de plomo, pues es el doncel de la Estrella. Tengamos presente que el correcto es aquel que encierra su retrato. 

2 En “Érase una vez... El universo, los dioses y los hombres. Un relato de los mitos griegos”, Jean Pierre Vernant describe a Afrodita como la diosa que “está acompañada desde su nacimiento por esas palabras mentirosas, propias de la atracción amorosa, de la seducción... Lo más oscuro y lo más luminoso; lo que irradia la mayor felicidad y el conflicto más sombrío. En ella se conjugan Noche y Día: mentiras, coquetería y luminosidad”.

3 Ritvo afirma que “la sobredeterminación freudiana no es simplemente una estructura jerárquica de determinación donde uno puede distinguir qué es dominante... Es lo que se edifica sobre el ombligo, -hace referencia al ombligo del sueño, que no es sino aquello que pone límite a la interpretación- es decir, lo que se edifica sobre un núcleo de ausencia de determinación....... Sobredeterminación quiere decir que todas las determinaciones están implicadas en un punto umbilical más allá del cual comunican con lo desconocido. El punto esencial a retener, nos dice, es el siguiente: desde que nombro el origen, el origen, por el sólo hecho de nombrarlo está perdido. Sólo puedo inscribir del origen, la pérdida del origen. Esa es la función del ombligo..... Quiere decir que la función de la pérdida perturba todas las cadenas de determinaciones que se engendran a partir de la causa perdida. Este es el lugar donde uno puede ligar la noción de determinación a la noción de causa. “Sobre” refiere a que una determinación a su turno está determinada por otra u otras...” Esta cita ha sido extraída de las clases desgrabadas del Seminario de la Carrera del Doctorado de la Facultad de Psicología de la U.N.R. “Problemáticas Cruciales de la Psicología. Ética y Subjetividad”. Año 2000.