Las cartas
Carta
de Karl Abraham a Sigmund Freud del 31-3-1915
(1)
Querido profesor:
He
demorado mucho tiempo en hacerle mi comentario sobre la teoría de la
melancolía y no sólo porque careciera de la tranquilidad adecuada para el
trabajo. Como yo mismo hace muchos años hice un intento en esa misma
dirección, cuya insuficiencia siempre tuve clara, temía que mi actitud
frente a su nueva teoría resultara demasiado subjetiva. Creo haber superado
esa dificultad, acepto todo lo esencial de lo expuesto por usted, pero
pienso que un solo elemento de mis anteriores concepciones tendría que estar
más acentuado de lo que lo hace usted, y, por último, quiero someter a su
consideración una propuesta para resolver la cuestión que usted ha dejado
abierta. Por supuesto, quedan sin resolver aún cuestiones importantes, para
las cuales por el momento no tengo explicación.
Si me permito recordarle que también partí otrora de la comparación de la
depresión melancólica con el duelo, no es para reivindicar una prioridad
sino sólo para subrayar nuestra coincidencia, Me apoyé entonces en su
trabajo, publicado poco antes, sobre neurosis obsesiva (el Hombre de las
Ratas) (2, recalqué la importancia del sadismo, cuya intensidad impedía
desarrollar la capacidad de amar, y derivé la depresión de esa incapacidad.
Tuve que dejar enteramente sin respuesta la cuestión de por qué en unos
casos surge la melancolía y en otros la obsesión. En esa época carecíamos
aún de dos importantes trabajos de usted, el del narcisismo y el de la
organización pregenital. Hace poco le escribí que esta nueva concepción de
la neurosis obsesiva me resultaba enteramente convincente. Si, por lo tanto,
como usted seguramente acepta, existe una afinidad entre la obsesión y la
melancolía, las nuevas aclaraciones de la neurosis obsesiva arrojarán
necesariamente luz sobre la melancolía De los dos factores importantes para
el surgimiento de la neurosis obsesiva, es decir, el sadismo y el erotismo
anal, en mi trabajo de 1911 (3) puse especialmente de relieve el primero.
Creo que todavía hoy no puedo renunciar a este punto de vista. En el
análisis de mis pacientes melancólicos he encontrado demasiada violencia y
criminalidad. Los autorreproches están indicando emociones hostiles
reprimidas. La inhibición motora total permite sospechar también que ha sido
necesario convertir en inocuos fuertes impulsos motores. La manera cómo el
melancólico atormenta a los que le rodean es resultado de esta misma
tendencia. A ello se suma una renovada irrupción del más franco sadismo
durante la fase maníaca. Estas son sólo algunas de las razones por las
cuales sigo asignando a este factor un valor tan elevado como antes.
Por el contrario, al reflexionar a posteriori sobre mis casos, me persuado
de que no debe atribuirse al erotismo anal una significación sobresaliente
en la melancolía. Si estoy acertado en esta suposición (cosa que aún está
por confirmar, ya que al analizar los casos de 1911 yo no conocía aun el
significado M erotismo anal en las neurosis obsesivas y puedo haberlo pasado
por alto en la melancolía) tal vez estuviera aquí el punto de separación de
estos estados, tan afines en todo lo demás.
Para ir más allá de esto tengo que volver a lo que usted escribe en el
apartado 3) de su trabajo, Si bien no veo todavía que el melancólico
transfiera sobre si mismo los reproches que están referidos al objeto de su
amor y que sirven para desvalorizarlo, me resulta plenamente plausible todo
lo que usted dice sobre la identificación con el objeto amoroso. Es probable
que la concisión de sus argumentos sea la única causa de que yo no me haya
adentrado más profundamente aquí, En mis pacientes me pareció como si el
melancólico, incapaz de amar como es, quisiera a toda costa apoderarse de su
objeto amoroso. De acuerdo con mi experiencia, él se identifica
efectivamente con su objeto amoroso, no puede soportar su pérdida, es
hipersensible a la más mínima actitud no amistosa. No pocas veces se deja
atormentar por la persona amada en una autopunición masoquista. Los
reproches que por ese motivo quisiera hacerle a ella, los pone en su propia
cuenta, porque inconscientemente le ha causado un daño mucho mayor.
(Omnipotencia del pensamiento). Esto es lo que yo había deducido de mis
análisis. Pero como usted sabe, querido profesor, estoy dispuesto a cambiar
mi punto de vista. Lo único que lamento es que nuestro diálogo tenga que ser
por escrito.
¿Pero cuál es el delito que el melancólico ha causado realmente al objeto
con el cual se identifica?
La respuesta a esto la encontré en uno de sus últimos trabajos, me parece
que es el del narcisismo (?). En él se habla de la identificación, y usted
se remite al fundamento infantil de este proceso: el niño quisiera
incorporarse su objeto amoroso; para decirlo con más brevedad, devorárselo.
Tengo, pues, fuertes razones para hablar de una tendencia canibalística
semejante en la identificación melancólica. Y puede considerase como algo
seguro que esta identificación tiene un significado ambivalente: muestra de
amor y destrucción.
Como primer argumento aduciré el temor del melancólico a morir de hambre. El
comer ha ocupado aquí el lugar del amar. Me atrevería a suponer que el papel
que en la neurosis obsesiva le corresponde a la zona anal lo ocupa en la
melancolía la zona oral. Sobre todo en las depresiones climatéricas, el
miedo a morir de hambre desempeña un papel fundamental. Otro síntoma
principal es el rechazo del alimento, en otros casos, más tranquilos y con
un curso más crónico, el comer en sentido positivo adquiere una
significación excesiva.
También es interesante la forma clásica del delirio depresivo conocida desde
hace siglos y a la que se dio el nombre de licantropía. Es el delirio que
consiste en ser un hombre-lobo y en haber devorado seres humanos. Tales
ideas delirantes no son hoy mismo demasiado raras. Como característica y
curiosa quisiera recordar aquí una frase que algunos psiquiatras un poco
rudos solían emplear como pregunta dirigida a los pacientes que se hacían
autorreproches delirantes pero no querían manifestarlos: "Bueno, ¿qué es lo
que puede haber hecho usted? ¿Acaso se ha comido algunos niños pequeños?"
Tales "chistes" tienen de alguna manera sus raíces en la experiencia real.
Me parece que desde este punto de vista resulta más comprensible el
"empobrecimiento del yo" El yo no recibe, por decirlo así, para comérselo,
lo que desearía. Ha perdido su contenido, es decir, lo que quería
incorporar.
Me parece que podemos coincidir perfectamente, si es que las ideas que acabo
de exponer no están demasiado enmarañadas, Los puntos fundamentales de su
exposición: el melancólico ha perdido algo, pero no sabe qué, el
empobrecimiento del yo y sus consecuencias; la identificación con el objeto
amoroso; la localización del proceso del duelo en las catexias del yo; la
anulación de las catexias objetales en la identificación narcisística; todo
esto tiene que mantenerse de manera absoluta. Creo, por mi parte, que hay
que sumar a todo ello el sadismo y el erotismo oral.
Le ruego, querido profesor, que me haga una crítica sin miramientos, y
también que me explique con más detalle aquello que en sus muy condensados
argumentos pueda yo haber entendido mal.
Permaneceré aquí en Deutsch Eylau hasta el 5 de abril; luego estaré de nuevo
en Allenstein. Le doy, pues, mi dirección de allí, y le pido que no me
escriba antes, para que su carta me llegue con seguridad.
Por lo demás, estoy bien. Tanto Allenstein como Deutsch Eylau están situados
en comarcas hermosas, que disfruto mucho. El trabajo no es excesivamente
grande.
Con la esperanza de recibir buenas noticias de usted y de su familia -así
son las que he recibido de la mía- quedo suyo.
Karl Abraham
Notas:
(1) Precursora o antecedente de las precisiones sobre la identificación
oral-canibalística que Freud Incluirá en DUELO Y MELANCOLÍA (1917).
Agradecemos muy especialmente al Sr. Ricardo Nudelman, Gerente en la
República Argentina de la Editorial Gedisa S.A., habernos autorizado a
publicar este valioso documento incluido en "Correspondencia Sigmund Freud-Karl
Abraham", Gedisa 1979.
(2) «Bemerkungen über einen Fall von Zwangsneurose" [un caso de neurosis
obsesiva], G.W., VII 379-463 [S.E.X]
(3) "Notas sobre la investigación y tratamiento psicoanalíticos de la
demencia maníaco-depresiva y estados afines", op. cit., nota 3, página 134.
Fuente:
http://www.herreros.com.ar/melanco/cartakarl.htm
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